Farmacias: el aire apagado de noche y los medicamentos que piden menos de 25 °C
Muchos medicamentos dicen en la etiqueta que no se guarden a más de 25 o 30 °C, y eso vale las 24 horas, no solo mientras la farmacia está abierta. Qué significa 'temperatura ambiente controlada', qué pasa de noche con el aire apagado y cómo se demuestra que el producto estuvo bien.
"Consérvese a temperatura no mayor de 25 °C." Lo dice la caja de muchísimos medicamentos. Y no dice "mientras la farmacia está abierta".
Qué significa "temperatura ambiente controlada"
La farmacopea de Estados Unidos (USP), que es la referencia más usada para estas etiquetas, define la temperatura ambiente controlada como una temperatura mantenida entre 20 y 25 °C. Admite variaciones entre 15 y 30 °C — en farmacias, hospitales, bodegas y durante el transporte —, siempre que el promedio ponderado en el tiempo, la llamada temperatura cinética media, no pase de 25 °C.
Traducido: unas horas a 27 °C se pueden compensar. Todas las noches a 30 °C, no.
Otros productos dicen "no mayor de 30 °C", y los que van en nevera, entre 2 y 8 °C. Cada uno tiene su rango, y lo que manda es la etiqueta.
Lo que pasa de noche
En Panamá, una farmacia que apaga el aire al cerrar se calienta toda la noche. Si tiene vidrio al sol de la tarde o un techo que recibe sol directo, el calor acumulado del día se suma. Puede amanecer por encima de los 30 °C sin que nadie lo vea, porque a esa hora no hay nadie.
Y a la mañana, cuando el equipo arranca, el aire se enfría rápido. Los medicamentos en las estanterías, mucho más despacio.
Lo que se suele hacer
- Apagar el aire al cerrar
- Un termómetro de pared que nadie anota
- Vacunas e insulina en una nevera doméstica, también en la puerta
- Estanterías al lado de la vitrina que da al sol
Lo que protege el producto
- De noche, retroceso a una temperatura segura, no apagado
- Un registrador continuo con alarma, en el lugar más caliente
- Nevera de uso farmacéutico, y nada guardado en la puerta
- Producto lejos del vidrio y del sol directo
Tres cosas concretas
1. No apagar: bajar el consumo. De noche no hace falta la temperatura de atención al público, pero sí mantener el producto dentro de su rango. Un retroceso — el equipo programado a una temperatura más alta, pero segura para lo que se guarda, y con límite de humedad — cuesta mucho menos que tener el aire a 22 °C toda la noche, y mucho menos que perder inventario.
2. Medir donde está el problema. El termostato mide donde está el termostato. Lo que importa es la temperatura en la estantería más caliente: la del vidrio, la más alta, la más lejos del equipo. Un registrador de temperatura con memoria y alarma, dejado ahí, contesta la pregunta y deja constancia. Es el mismo principio que explicamos para cuartos fríos: el registro dice hacia dónde va, el termómetro solo dice cómo está.
3. La nevera, de verdad. Las neveras domésticas tienen ciclos de temperatura amplios, y la puerta es la parte que más se calienta. Para productos de 2 a 8 °C, las guías de manejo de vacunas recomiendan equipos diseñados para eso, con registro de temperatura, y nada guardado en la puerta.
Y si se va la luz
Un corte de varias horas de noche, en una farmacia cerrada, es exactamente la situación en que nadie mira. Conviene saber cuánto aguanta el local, qué equipos van conectados a la planta eléctrica, y que la alarma del registrador avise a un teléfono.
Lo que exija la regulación sanitaria aplicable a su establecimiento va primero. Esto es lo que, desde la climatización, hace falta para poder cumplirlo.
¿Quiere saber a cuánto llega su farmacia de noche? Escríbanos: lo medimos durante una semana y le decimos qué ajustar.