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Split o VRF para oficinas: cuándo se justifica el salto

El VRF cuesta más de entrada y no siempre se paga. La pregunta no es cuál es mejor sino cuántas zonas tiene su oficina — y cuántas horas al día el sistema trabaja realmente a fondo.

4 min de lecturaDICEC, Inc.

Ya escribimos sobre las diferencias entre split, multi-split y VRF como arquitecturas. Este post es otra pregunta, más concreta: en una oficina, ¿cuándo se paga el VRF y cuándo es plata de más?

Porque cuesta más de entrada. Bastante más. Y hay proyectos donde esa diferencia nunca vuelve.

El dato que decide casi todo

Carga de una oficina hora por hora, como porcentaje de la capacidad instalada. Arranca cerca del 55 por ciento a las siete de la mañana, sube durante el día y llega al cien por ciento a las tres de la tarde. Solo tres de las doce horas superan el noventa por ciento: el resto del día el edificio pide bastante menos de lo que el equipo puede dar.Carga pedida, como % de la capacidad instalada0%25%50%75%100%5576086897510821185128813951410015961685177018Hora del díaSolo 3 de 12 horas piden más del 90 %
El equipo se dimensiona para la peor hora del año, pero esa hora casi no ocurre. Una oficina promedia alrededor del 80 % de su capacidad instalada y pasa la mayor parte del día bastante por debajo — que es exactamente donde se decide si conviene un sistema que modula.

Acá está el argumento completo, y es el que casi nunca se explica.

Un sistema de aire acondicionado se dimensiona para la peor hora del año: el día más caluroso, con la oficina llena, a las tres de la tarde. Pero esa hora casi no ocurre. El resto del tiempo el edificio pide bastante menos.

En una oficina típica, solo tres de doce horas piden más del 90 % de la capacidad instalada. Las otras nueve el sistema está trabajando a carga parcial, con un promedio alrededor del 80 %.

Y ahí está la cuestión: un equipo convencional no sabe trabajar al 70 %. Solo sabe estar encendido o apagado, así que a carga parcial arranca y para todo el tiempo. Cada arranque es el momento de mayor consumo y mayor desgaste, y entre arranque y arranque la temperatura oscila.

Un VRF modula. A carga parcial baja la frecuencia del compresor y trabaja sostenido, que es donde su eficiencia es mejor que a plena carga.

Esas nueve horas diarias son donde el VRF recupera la diferencia de precio. Si su oficina está cerrada la mayor parte del tiempo, o trabaja pocas horas, ese recupero no ocurre.

Lo otro que compra el VRF en una oficina

Zonificación de verdad. En el post anterior de esta serie vimos que perímetro e interior tienen necesidades opuestas y que un solo termostato no puede con ambas. Un VRF resuelve eso nativamente: cada unidad interior tiene su control y el sistema reparte refrigerante según lo que cada zona pide.

Resolver lo mismo con splits significa un equipo por zona, y ahí el conteo empieza a jugar en contra.

Espacio en la fachada. Ocho splits son ocho condensadoras colgando afuera, con su tubería, sus soportes y su ruido. Un VRF es una unidad exterior. En un edificio con reglas de fachada, o sin lugar donde poner ocho equipos, esto deja de ser estética y pasa a ser viabilidad.

Control individual. Cada oficina con su ajuste, sin que uno le arruine la temperatura al otro. En una empresa con oficinas cerradas esto resuelve un conflicto recurrente que no se arregla con más capacidad.

Crecimiento. Un VRF bien dimensionado admite agregar unidades interiores después. Ampliar un esquema de splits es comprar otro equipo y encontrarle lugar.

Cuándo NO conviene

Esta parte importa más que la anterior, porque el VRF se vende mucho:

Oficina chica o de un solo ambiente. Si es un espacio abierto con una sola necesidad térmica, no hay nada que zonificar. Un split bien dimensionado hace el trabajo y la diferencia de precio no vuelve nunca.

Pocas zonas. Con dos o tres ambientes, varios splits suelen ganar por costo y por simplicidad. El VRF empieza a tener sentido cuando el conteo de zonas sube — y el punto exacto depende del proyecto, no hay un número universal.

Sin capacidad de servicio. Un VRF necesita técnicos capacitados en ese sistema y repuestos de esa marca. Si el equipo se instala y después nadie le da mantenimiento especializado, se convierte en un problema caro. Un split lo atiende cualquier técnico competente.

Horario reducido. Si la oficina trabaja pocas horas o está vacía buena parte de la semana, las horas de carga parcial que justifican el VRF simplemente no se acumulan.

Horizonte corto. Si el local es alquilado a dos años, la inversión no tiene tiempo de recuperarse.

Cómo decidirlo sin adivinar

Tres preguntas, en este orden:

1. ¿Cuántas zonas térmicas distintas tiene realmente? No cuántos ambientes: cuántos grupos con necesidades distintas. Perímetro norte, perímetro oeste, interior, sala de reuniones, sala de servidores. Si la respuesta es una o dos, la conversación terminó.

2. ¿Cuántas horas al día opera, y con qué ocupación? Es lo que define si las horas de carga parcial se acumulan lo suficiente.

3. ¿Quién le va a dar mantenimiento, y por cuánto tiempo va a estar en ese local?

Con esas tres respuestas la decisión se toma sola en la mayoría de los casos. Y si queda en la frontera, ahí sí vale hacer el número con los dos presupuestos sobre la mesa y el consumo estimado de cada uno.


Este es el segundo de la serie sobre oficinas. El próximo: qué cuesta operar el sistema al mes, con la tarifa real de Panamá.

¿Está definiendo un proyecto de oficina y no sabe por cuál ir? DICEC diseña e instala los dos tipos en Panamá desde 1990. Escríbanos con los planos y la cantidad de gente — y si su caso se resuelve con splits, se lo vamos a decir.

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