Todos los posts
OficinasConfortEficiencia energética

¿Por qué la oficina siempre está helada?

En Panamá hay gente que trabaja con suéter con 32 °C afuera. Parte de la explicación está en cómo se calculó el confort de las oficinas: con el metabolismo de un hombre de 40 años. Lo que encontró un estudio de 2015, lo que cuesta tener la oficina fría y cómo se resuelve sin pelear por el termostato.

3 min de lecturaDICEC, Inc.

Afuera hay 32 °C. Adentro, alguien trabaja con suéter, otra persona tiene un calentador debajo del escritorio, y una tercera pide que bajen el aire porque tiene calor.

Es la escena de muchas oficinas en Panamá. Y no es solo cuestión de gustos.

El confort se calculó para un tipo de persona

La temperatura cómoda de una oficina se calcula con fórmulas que dependen de dos cosas: cuánto calor genera el cuerpo de la gente que trabaja ahí — su metabolismo — y cuánto abriga su ropa.

Esas fórmulas se desarrollaron en los años sesenta, y el valor de metabolismo que se usa habitualmente para trabajo de oficina corresponde a un hombre de unos 40 años y unos 70 kg.

En 2015, dos investigadores de la Universidad de Maastricht midieron el metabolismo de mujeres jóvenes haciendo trabajo de oficina liviano, y lo publicaron en Nature Climate Change. Sus cuerpos generaban entre un 20 y un 32 % menos calor que el valor estándar.

Calor que genera el cuerpo en trabajo de oficina, frente al valor estándar

Valor estándar
100 %
Mujeres medidas en 2015
68 a 80 %
Kingma y van Marken Lichtenbelt, Nature Climate Change, 2015: 16 mujeres jóvenes en trabajo liviano de oficina. El valor estándar corresponde a un hombre de unos 40 años y 70 kg. La barra llega al punto medio del rango medido.

Un cuerpo que genera menos calor necesita un ambiente más cálido para estar cómodo. Si la oficina se ajusta con el valor estándar, a una parte de la gente le va a dar frío.

ASHRAE, que publica la norma de confort térmico, respondió que su norma permite usar el metabolismo y la ropa de quienes realmente ocupan el edificio. Es cierto. Pero para eso alguien tiene que haberlo considerado al diseñar y al ajustar el sistema.

La ropa también pesa

Un saco con camisa de manga larga abriga bastante más que una blusa liviana. En una misma oficina conviven las dos cosas, y una sola temperatura no deja cómodos a todos.

Lo que cuesta tenerla helada

Además del suéter, está la factura. El calor que atraviesa paredes y ventanas es proporcional a la diferencia de temperatura con afuera. Con 32 °C afuera, pasar de 22 a 24 °C achica esa diferencia de 10 a 8 grados: un 20 % menos de ese calor, todos los días.

Y si en su oficina hay calentadores debajo de los escritorios, el edificio está pagando dos veces: para enfriar el aire y para volver a calentarlo.

Cómo se resuelve sin pelear por el termostato

  • Subir uno o dos grados y mover el aire. Con ventiladores, la misma comodidad se logra a una temperatura más alta. Lo explicamos en ventilador de techo y aire acondicionado.
  • Revisar las rejillas. Muchas veces el frío no es la temperatura del cuarto: es el chorro de aire que cae directo sobre un escritorio. Redirigir la rejilla, o mover el escritorio, resuelve más que el termostato.
  • Zonificar. El lado de la oficina que recibe el sol de la tarde y el centro del edificio no piden lo mismo. Un sistema con temperaturas por zona evita que una zona mande sobre las demás — es una de las razones para pasar a VRF.
  • Medir donde está la gente. Un termostato junto a una ventana al sol, o al lado de la cocina, hace que todo el piso quede más frío de lo necesario.

¿Quién decidió la temperatura de su oficina? Si nadie se acuerda, vale la pena revisarla.


¿Su oficina tiene zonas heladas y zonas calientes? Escríbanos: casi siempre es un tema de cómo se reparte el aire y de cómo están armadas las zonas, no de capacidad.

¿Quiere saber cuánto está gastando de más?

Un ingeniero de DICEC evalúa su sistema y le entrega una cotización detallada en menos de 48 horas. Sin compromiso.