Gimnasios: humedad, olor y una carga que sube con cada clase
Una persona haciendo ejercicio intenso entrega más de cuatro veces el calor de alguien en un escritorio, y casi dos tercios es humedad. Por qué un gimnasio en Panamá se diseña para sacar agua, no solo para enfriar, y qué hacer con el olor.
En un gimnasio, la gente es la carga. Y la gente haciendo ejercicio no se parece en nada a la gente en una oficina.
Una persona en ejercicio intenso entrega unos 585 W, contra 130 de alguien en un escritorio. Y casi dos tercios de eso no es calor: es humedad — sudor que se evapora. Más de medio litro de agua por hora, por persona.
Una clase de veinte personas suelta más de diez litros de agua por hora en el aire del salón.
Por qué un gimnasio se siente pesado aunque esté frío
Un equipo de aire acondicionado común reparte su trabajo, más o menos, tres cuartas partes en enfriar y una cuarta parte en sacar humedad. La gente en un gimnasio lleno entrega casi lo contrario: dos tercios de humedad.
Si el sistema se eligió como si fuera una oficina, lo que pasa es conocido: la temperatura llega, pero el salón queda húmedo. Los espejos se empañan, el piso se siente resbaloso, la ropa no seca y el olor se queda.
Bajar el termostato no lo arregla. El equipo enfría un poco más, pero la humedad sigue entrando al ritmo de la clase.
Lo que pide el diseño
Dimensionar por la clase, no por el área. Cuántas personas, haciendo qué. Una sala de pesas y una de spinning del mismo tamaño piden cosas muy distintas.
Capacidad para sacar agua. Equipos elegidos por su capacidad de deshumidificar a las condiciones reales, no solo por las toneladas de placa — la misma lógica que explicamos para salas de servidores, pero al revés: allá casi no hay humedad, acá casi todo es humedad.
Aire exterior, tratado. Las normas de ventilación piden para un gimnasio varias veces el aire exterior por persona que para una oficina. En Panamá, ese aire llega cargado de humedad: conviene secarlo antes de que entre al salón, con una unidad dedicada a tratarlo.
Equipos que modulen. El gimnasio pasa de vacío a lleno con cada clase, igual que un salón o una iglesia. Un equipo grande de una sola etapa, con el salón a medias, enfría rápido, se apaga y no seca.
Mover aire sobre la gente. Quien hace ejercicio tolera bien — y agradece — más velocidad de aire. Ventiladores de techo o de pared permiten la misma comodidad con el termostato más alto, como explicamos en ventilador de techo y aire acondicionado.
El olor
El olor de un gimnasio tiene tres fuentes, y ninguna se arregla con aromatizante:
- La humedad, que mantiene mojadas las colchonetas, la ropa y las superficies.
- Los camerinos y duchas sin extracción, que mandan vapor y olor al resto del local.
- El propio equipo de aire acondicionado, con el serpentín y la bandeja sucios por trabajar siempre mojados. Lo explicamos en por qué el aire huele a humedad.
Lo que funciona es la combinación: humedad bajo control, extracción continua en camerinos y duchas — con aire de reposición, para no dejar el local en presión negativa —, y mantenimiento de serpentín y bandeja más seguido que en una oficina.
¿Su gimnasio se siente pesado aunque el aire esté encendido? Escríbanos: lo primero que medimos es la humedad, no la temperatura.